viernes, 18 de noviembre de 2011

3:48

Volviendo a las dos de la madrugada, solo desde el centro, a pie, sinceramente, uno tiene tiempo para pensar. He venido recordando muchas cosas, como si de una película de mi vida se tratase, hasta que irrefrenablemente he tenido el terrible impulso de arrancar a llorar mientras sonaba en mi cabeza "155" de +44. Comencé a llorar realmente por lo bien que funciona todo, y llegar a casa desde cualquier parte merece la pena por la gente que siempre ha estado y está, por tener una buena relación con mi hermano, por estar en la carrera que quiero, aunque a veces pienso que me puede (y mucho), por la gente nueva que hay en mi vida, y por ella, y todo lo que ello implica.
Para mí no tiene precio que estando por el centro a la hora que sea, ella se acuerde de mí y me de un toque. Eso realmente me eleva. Me hace sentir libre.

Y son las 3:40 de la madrugada, no puedo dormir, y adoro mi vida, a pesar de todo lo malo que pueda haber en ella, porque me siento equilibrado, con ganas de todo.

Hoy he bailado, no he conseguido la camiseta que me debían, he sonreído, he hablado con ella, me he frustrado, me he sentido bien, he cenado con prisas una hamburguesa de queso de un euro en McDonald's, y ahora oigo a mi padre irse con su moto a trabajar. Llevar casi el equivalente a mi edad trabajando así de duro debería tener alguna recompensa que de verdad merezca la pena. No sé, supongo que las cosas marchan, a todos los niveles, aunque tenga un examen de matemáticas el miércoles y no sepa muy bien cómo va a ocurrir todo.


Creo que ya he dado bastante tostón hablando de mí, me voy a la cama. Buenas noches a todos.

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