Un día, caminando bajo la lluvia, me pregunté el motivo de muchas circunstancias de mi vida. Cómo algo tan pequeño, un simple acto, una palabra, te puede subir a lo más alto en cuestión de segundos, o tirarte al suelo, como si de un desecho se tratara. Es increíble todo lo que uno puede hacer cuando quiere algo de verdad.
Incomprendido. Perdido. Con ganas de hacerlo todo, o de caer en la duda de si continuar haciendo cosas que nadie oye, escribiendo canciones que nadie se molesta en entender. Muchas de las cosas que hago están cortadas por el mismo patrón de que necesito a más personas, y que como yo, estén dispuestas a explotar en lo que a creatividad se refiere.
Con una batería a medias, exámenes por delante, pesadillas, una cara y un cuerpo que rara vez me agradan, y una sonrisa que pocas cosas son capaces de quitar.
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