Uno sale de su casa un viernes, dispuesto a coger un autobús de camino a Madrid a las 22:30. Estás nervioso, y sientes que muchas cosas buenas pueden ocurrir en el limitado tiempo de dos días de estancia. Además sales de casa sabiendo que has aprobado una de las asignaturas de "codos" de la Universidad.
Sales de Málaga, y después de un viaje sin apenas descanso y con muchas incomodidades, llegas a tu destino, para luego comenzar a jugar con las líneas de metro (sistema que me resulta bastante difícil). Es entonces, cuando siendo casi las 7 de la mañana entre una cosa y otra, llegas al Hotel, subes a tu habitación, y deshaces de aquella manera las maletas.
Duermes un poco, desayunas de forma muy fuerte y esperas unas 6 horas para ver lo que posteriormente descubres que ha sido el mejor concierto de tu vida, cargado de emotividad, ganas de hacer música... Y todo ello observado desde la segunda fila, al centro (nuestra carrera y atención nos costó). Conoces a nuevas personas, te firman una entrada, y vuelves al McDonald's de enfrente de tu habitación de hotel, junto al sombrero gigante de Sabina que había un poco más abajo como promoción de un musical.
Te acuestas después de hablar un poco, preparándote para la gran aventura turística del día siguiente. Estás en muchos sitios, y te duelen los pies por todo lo que han pisado a lo largo de tantísimas horas. Ves parte del Museo del Prado y luego te tomas algo con unas personas muy agradables.
Coges tus maletas, esperas en la estación de bus, te haces unas fotos, y tras un largo rato de viaje, estás en casa, con la sensación genial de que todo lo que uno ha hecho ha sido mientras ELLA TE DABA LA MANO.
Me cuesta asimilar todo lo que ella ha sido capaz de conseguirme sólo porque cree en mí. Gracias.
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