
Hay muchas cosas útiles dentro de mi carrera. Creo que una de las características inherentes a ella es el hecho de que haya profesores que se preocupen por aunar en un mismo aula ciencia y filosofía. Adoro esa combinación.
Me gusta cuando poco a poco la noche baña todo lo que me rodea, y oscurece. Comienzan a apreciarse unos puntitos luminosos en el cielo, que cómo no, son las estrellas. Me encanta la sensación de ingravidez, de que todo lo malo no está, que uno piensa tranquilo, en paz consigo mismo. En todo este compendio incluyo los momentos en los que estoy enfadado, miro hacia arriba y me invade la ilusión. Supongo que soy así de tonto. Sólo necesito un cielo lleno de estrellas para creer que puedo hacerlo todo. Eso y saber que todo merece la pena.
Hoy no me siento especialmente mejor que ayer, pero tengo fuerza suficiente como para saber que si hoy no estoy mejor lo estaré mañana, porque si yo no trato de arreglarme nadie va a hacerlo. Quizás necesite incluso ayuda, pero no voy a molestar a nadie con estupideces. Si no sé por qué soy quien soy, es mi problema, nadie tiene culpa. Llevo una temporada con unos altibajos muy molestos. Yo soy molesto.

Organizarme mejor, vivir más libre, hacer lo que quiero. Ese es el cambio.
No hay cuchara.
¡Taca!
ResponderEliminar...y a comer